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Chiang Rai

Atracciones turísticas en Chiang Rai

Chiang Rai es una región montañosa del norte de Tailandia que limita con Laos y Myanmar. En ella, la ciudad del mismo nombre, es la segunda más importante de la zona septentrional y una de las más populares del país, a 800 km Bangkok y 190 km al noreste Chiang Mai.

Con casi 80000 habitantes, es relativamente pequeña y tradicional, ya que la cultura y las costumbres autóctonas se muestran desde su lado más auténtico, sin la deformación que en muchas ocasiones produce la huella del turismo. Su encanto también reside en los alrededores, por lo que el amor por la naturaleza es una máxima entre sus amables habitantes. Su localización privilegiada en un entorno natural idílico de imponentes montañas y densa jungla, permite disfrutar de múltiples actividades como baños en aguas termales y cascadas, rafting, senderismo, paseos en bici o visitas a las tribus de las montañas.

El rey Mengrai estableció en Chiang Rai la capital del Reino de Lanna en 1262. Su estatua de bronce se erige al lado de un tridente dorado que simboliza el poder y es muy visitada y venerada por los tailandeses.

La Torre del Reloj es otro interesante monumento ubicado en la intersección de dos calles del centro de la ciudad y que está dedicado al último rey Rama IX. Por la tarde y hasta las diez de la noche, al marcar las horas, suena una música tradicional mientras unas luces de colores cambian por minutos su profuso aspecto dorado.

Perderse en el bazar nocturno del centro para disfrutar del buen ambiente de la ciudad y mezclarse con los lugareños es un excelente plan. Este mercado es como si fuera el hermano pequeño de Chiang Mai y como en él, hay puestos donde se pueden comprar recuerdos, escenarios para espectáculos y restaurantes y puestos de comida baratos en los que degustar la afamada gastronomía del norte mientras se escucha música tradicional en directo.

Como buena ciudad tailandesa, en Chiang Rai abundan los templos y forman parte del día a día de la vida de sus habitantes. Entre los más interesantes se encuentra el sorprendente Templo Azul o Wat Rong Suea Ten, de reciente remodelación. La combinación de los colores rojo en los tejados y añil con dorado en las fachadas, le da un aspecto distinto a otros templos. Dos enormes nagas vigilan la entrada y en el interior medita una impresionante estatua blanca de Buda de 6.5 m iluminada con luces azules y rodeada de hermosos murales de la misma tonalidad que cubren paredes y columnas; el Wat Phra That Doi Chom Thong, situado en la cima de una colina cerca del río Kok y en cuya dorada estupa principal se conservan las reliquias más antiguas de la ciudad; el Wat Phra Kaew, el más venerado e importante de la provincia desde que en 1434 un rayo revelara que en el interior de su chedi octogonal se escondía el famoso Buda Esmeralda que en la actualidad está en el Gran Palacio de Bangkok; y el Wat Phra Sing, que con edificios de estilo Lanna, es apreciado por sus sensacionales panales de madera y techos abovedados.

A 12 km al norte de la ciudad, se encuentra uno de los referentes arquitectónicos de Chiang Rai, la Casa Negra o Museo Baan Dum. Construida en los años 80 por Duchanee, fue la residencia de este prestigioso y polifacético arquitecto tailandés hasta su muerte. Es un complejo que alberga jardines y 40 cabañas de madera oscura decoradas en su interior con mobiliario y piezas de color negro entre las que destacan pieles, cráneos y esqueletos de animales con cuernos que le dan cierto aire siniestro. El artista quiere expresar las dos realidades antagónicas de este mundo, la vida y la muerte, en las que el ser humano está inmerso, luego su existencia en este planeta es temporal y por tanto no debe sentir apego por lo material.

El Templo Negro es el contrapunto al Templo Blanco o Wat Rong Khun el otro monumento más representativo de Chiang Rai, situado a 14 km al norte de la ciudad. Este indiscutible icono del país es la obra del vanguardista arquitecto tailandés Kositpipat, que comenzó su construcción en 1997 y que aún permanece inacabado.

Con un recargado diseño arquitectónico, el templo presenta fachadas adornadas y tejados a tres alturas propios del norte del país y cubiertos de millones de diminutos cristales, los cuales representan la sabiduría de Buda y otorgan un acabado más resplandeciente bajo la luz del sol.

Se refleja de forma celestial sobre las aguas del estanque que reposa a sus pies y su color íntegramente blanco inmaculado simboliza la pureza del budismo.

Es una creación artística muy singular con algunos detalles francamente extravagantes, como las calaveras y las decenas de antebrazos apiñados que emergen del suelo y estiran sus manos hacia el cielo buscando limosna desesperadamente. El puente que da acceso a la sala central del edificio principal está flanqueado por dos grandes guardianes en posición amenazante empuñando sus dagas.

El blanco del exterior contrasta con el estallido de colorido del interior, donde los murales modernos de estética pop mezclan personajes de ficción e históricos, distanciándose del estilo tradicional tailandés, motivo de numerosas críticas. Y todo bajo la atenta mirada de un Buda blanco.

Destacan los baños, un bellísimo edificio dorado independiente que parece un templo. En los jardines del recinto se pueden ver esculturas de cabezas con caras terroríficas de seres reales o inventados colgando de los troncos de los árboles.

El artista envía continuos mensajes al visitante; en el exterior se interpreta que para alcanzar el Nirvana hay que pasar por las diversas penurias de la vida y en el espacio íntimo a través de sus pinturas, hace un alegato en contra de la guerra y la violencia y a favor del respeto por las enseñanzas budistas y reafirma el cumplimiento de la ley del karma y nuestra conexión con el universo.

Lo que está claro es que el Templo Blanco de Chiang Rai es un lugar intenso, que hace abandonar por momentos la realidad terrenal provocando una introspectiva reflexión onírica y no dejando indiferente a nadie.

Aunque Chiang Mai se lleva el protagonismo, lo cierto es que viajar a Chiang Rai supone toparse con una grata sorpresa en el camino hacia el norte del Reino de Siam, la cual merece ser explorada por tratarse de una de las piedras angulares de la milenaria historia y cultura del país de las sonrisas.

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