UN HECHIZO PÉTREO

Asia sorprendente

Hace dos millones de años, en el corazón de Turquía, en la Anatolia Central, tres grandes volcanes desataron su ira escupiendo lava, cubriendo el paisaje con un manto de toba volcánica y basalto que la lluvia y el viento se encargaron de esculpir en los años posteriores, mostrando así su gran talento artístico y obsequiándonos con la impactante visión de unos valles ondulados con formas increíbles más propias de un escenario lunar llamadas Chimeneas de Hadas.

Por si fuera poco, a esta original obra escultórica moldeada por el clima, contribuyó la mano del hombre resaltando aún más su belleza, excavando auténticos laberintos de túneles y cuevas donde instalaron sus viviendas, almacenes, establos, bodegas e iglesias, horadando el blando material fruto de la ceniza volcánica como si fuera una colmena, logrando de este modo adaptarse al ambiente, mimetizarse con el entorno.

Su nombre era Capadocia. Y es que Turquía no es sólo Estambul. Más allá de la antigua Constantinopla, se extiende este lugar excepcional de cincuenta kilómetros de diámetro único en el planeta que merece mucho la pena descubrir.

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Su situación geográfica entre el continente europeo y asiático la convirtió en un punto clave en la ruta de la seda, el recorrido más importante del mundo antiguo debido a las carreteras que lo atravesaban.

Susceptible de las crueles invasiones de los ejércitos de los imperios más fuertes a lo largo de los siglos, sus habitantes se defendieron construyendo un mundo subterráneo, unas ciudades de hasta veinte pisos bajo tierra realizadas a conciencia, con sistemas de aireación, saneamiento e iluminación, para que miles de personas pudieran sobrevivir mientras duraba el peligro. Sólo ellos conocían la entrada y la salida, las cuales cerraban herméticamente rodando unas puertas de piedra circulares de hasta ocho toneladas, convirtiendo a estas metrópolis ocultas en fortalezas infranqueables.

Son muchos los pueblos que han dejado sus huellas culturales en esta región histórica de Capadocia. Entre ellos destacan los hititas, cuyo gran reino estuvo vigente entre los siglos XVII y XII a.C y a quienes se les atribuye las primeras incursiones en las rocas y también los griegos bizantinos, cristianos que en la época medieval tallaron sus monasterios y capillas que decoraron con coloridas pinturas de los Santos. Alguna, como la Iglesia Tokali de Goreme, conserva con la misma intensidad de antaño el azul ultramar profundo del pigmento del lapislázuli que sólo Miguel Ángel utilizó en sus frescos de la Capilla Sixtina, por lo que bien podría considerarse la Capilla Sixtina de Bizancio y una de las mejores exhibiciones de este arte en el mundo.

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Hay un elenco de lugares dignos de admirar en Capadocia cuando se hace un viaje a Turquía, auténticos tesoros en este emplazamiento intrincado:

  • Valle Blanco, Valle Rosa y Valle Rojo: bautizados con la tonalidad que predomina en el suelo según la riqueza de uno u otro mineral, se encuentran llenos de Chimeneas de Hadas.                     
  • Valle de Devrent o Valle de la Imaginación: cuyas Chimeneas de Hadas tienen diversas formas como la de camello, foca, Virgen o sombrero de Napoleón. 
  • Pasabag o Valle de los Monjes: cuyas Chimeneas de Hadas son las más altas y con forma de hongo.
  • Valle del Amor: cuyas Chimeneas de Hadas presentan forma de miembro viril. 
  • Las ciudades subterráneas de Derinkuyu y Kaymakli: siendo la primera la más profunda a más de ochenta y cinco metros y la segunda la más grande. 
  • Los castillos romanos excavados en la roca de Uchisar y Ortahisar: el primero representa el punto más alto de la región.
  •  El Museo al Aire libre de Goreme: en este lugar se tallaron las primeras iglesias del cristianismo adornadas con pinturas medievales como la mencionada Iglesia Tokali, la más importante de Capadocia por contener una crónica completa de la vida de Jesús. 
  •  Valle de Ilhara: el más profundo de Anatolia. La mayoría de sus iglesias están ornamentadas con pinturas en su interior.

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Una forma de dominar la Capadocia es desde el aire. Todas las mañanas despegan más de cien globos aerostáticos para contemplar los matices del amanecer sobre este paisaje caprichoso. El tráfico aéreo se colapsa de estas naves redondas de vivos colores con sus cestas repletas de viajeros que se quedan boquiabiertos cuando se acercan a los gigantes pináculos de piedra, dejándonos una imagen de lo más surrealista y fotogénica. Una vez en tierra celebran la excepcional experiencia brindando con champán.

Capadocia significa “tierra de hermosos caballos”. Partiendo de los caballos salvajes, sus habitantes crearon una raza domesticable pero agresiva en la batalla que era muy apreciada, ofreciendo estos animales como presentes para las buenas relaciones con algunos reyes extranjeros. Y se puede decir que una de las mejores vivencias que se pueden tener en esta tierra es explorarla a lomos de uno de ellos.

Algún día la misma naturaleza que le dio la vida le hará desaparecer con el arma homicida de la erosión. Mientras tanto, seguiremos deleitándonos con estas fantásticas formaciones geológicas de cuento de hadas de la mítica Capadocia, donde el horizonte se convierte en un sueño de piedra que te deja embelesado como si de un hechizo se tratara.

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