Japón en 5 películas

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Un viaje al país del sol naciente a través de la gran pantalla. Estas películas se han inspirado en sus templos y santuarios, cultura, tradiciones y en la frenética vida de su capital, Tokio.

Lost in Traslation

La inmensidad de la capital nipona y la soledad que se puede experimentar aún estando rodeados por mucha gente son la base de esta historia que Sofia Coppola llevó a la gran pantalla en 2003 y que le ha valido para llevarse el Oscar al mejor guión original. Desde entonces, esta producción que logró meterse al público en el bolsillo, ha hecho que muchos de los espectadores que buscan viajes exóticos a Japón recorran Tokio con la intención de conocer aquellos rincones donde Bob Harris (Bill Murray) y Charlotte (Scarlet Johansson) establecieron su peculiar relación. Una de esas paradas inevitables es el hotel Park Hyatt, en Shinjuku, donde los protagonistas se conocen atormentados por la soledad en la que se encuentran inmersos. En ese mismo lugar, en la planta 52 se ubica en New York Bar, escenario principal y desde donde se obtienen unas increíbles vistas de toda la ciudad.

No muy lejos, en Shibuya, encontramos algunos de los escenarios más representativos del film: el restaurante donde ambos acuden a comer sushi, el Ichikan; el paso de cebra donde Charlotte se para bajo la lluvia con su paraguas transparente, en la calle Yasakuni; y el karaoke, situado en Utagawacho. Otros iconos nipones que aparecen en la película serían el tren bala, el Rainbow bridge de Odaiba y el templo Nanzenji de Kioto.

El último samurái

La película de Edward Zwick estrenada también en 2003 y protagonizada por Tom Cruise está basada en la desaparición de los samuráis en el siglo XIX y en algunos eventos de la rebelión Satsuma. Aunque el rodaje de la película estuvo dividido entre Japón y los estudios de Estados Unidos, todavía es posible recorrer algunos de los principales escenarios y revivir la historia de Nathan Algren y Katsumoto. Para ello habrá que dirigirse a la ciudad de Himeji, donde se encuentra el imponente monasterio de Engyo-ji. También el castillo, el mejor conservado de la época feudal, y los 9 jardines de Koko-en que lo rodean. Cuidados al detalle, en ellos todavía persiste la esencia del periodo Edo en Japón.

En lo alto de Himeji, en el monte Shoshan, se encuentra otra de las paradas ineludibles para los seguidores de El último samurái. Se trata de un complejo de templos asiáticos con más de 1.000 años de historia rodeados de bosque. El edificio principal es el de Maniden, cubierto totalmente de madera. A pocos metros se ubican el templo de Daikodo, Jikido y Jogyodo, el gimnasio. Todos ellos popularizados tras haber servido como escenario de la película.

Memorias de una geisha

Basada en la homónima novela, la película producida por Steven Spielberg y dirigida por Rob Marshall recrea la vida de una de las figuras más destacadas de la cultura nipona justo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. La historia se desarrolla en Gion, un distrito de Kioto conocido por la existencia de okiyas- casas para geishas- donde la protagonista es llevada para enseñarle el oficio.

Aunque muchas de las partes de Kioto que aparecen en el film fueron grabadas en un estudio, ya que necesitaban ambientarla en su época correspondiente, en ella sí que se identifican algunos de los monumentos originales más conocidos. Este es el caso de Fushimi Inari-taisha, uno de los principales santuarios sintoístas dedicado a Inari en donde la protagonista, Chiyo, sale corriendo bajo la afamada puerta de toriis.

Otro de los escenarios que se pueden conocer es Kiyomizu-dera, un conjunto de templos budistas que forman parte de los Monumentos históricos de la antigua Kioto. Aquí es donde se encuentra el popular Otowa-no-taki, el manantial más conocido del templo donde aquellos que lo visitan tienen costumbre de beber de él, pues tiene propiedades curativas.

Godzilla

Uno de los clásicos más venerados por cambiar la forma de hacer cine en Japón. Con Godzilla, Gojira en japonés, se introdujo al país un nuevo género, una fórmula narrativa diferente y la incorporación de nuevos efectos especiales. La película, producida en 1954, trata sobre la misteriosa desaparición de unos barcos en la costa del Pacífico, justo en la zona en la que la leyenda narraba la existencia de un monstruo marino. Con el avance de la historia se descubre que en realidad era un dinosaurio del periodo jurásico que, tras entrar en contacto con la radiación nuclear sufrida durante la Segunda Guerra Mundial, había adquirido poderes especiales.

Esta metáfora de la época se convirtió en un éxito en taquilla y en un referente a nivel mundial, pues Estados Unidos creó su propia saga protagonizada por este monstruo con algunas modificaciones en la historia. En Japón, Godzilla es toda una celebridad. Además de poder recorrer los emplazamientos claves de la película como la silueta de la Dieta en Tokio, no hay que perderse uno de los lugares más frikis de la capital: el Shinjuku TOHO. Situado en el homónimo barrio, este edificio llama la atención desde su exterior por la enorme cabeza de 12 metros con la imagen de Godzilla que sobresale de una de sus terrazas exteriores. Su popularidad ha sido tan grande que, incluso el hotel que se encuentra en su interior, el Gracery Shinjuku, ofrece habitaciones con vistas al personaje.

Kill Bill I y II

Las dos entregas que homenajean las artes marciales y la cultura nipona en general son algunas de las producciones más afamadas de Quentin Tarantino. Las referencias a las tradiciones de este país son tan numerosas que el propio director ofreció una recompensa económica a aquel que lograse enumerarlas todas. Quizá, si echamos la vista atrás y recordamos la primera de sus películas la escena que se nos vendría a la mente sería la batalla sangrienta que se libra entre la novia y los 88 maníacos en un restaurante de la ciudad. Pues bien, el lugar original no sólo existe, sino que se ha convertido en una visita ineludible para los amantes de la saga. Se trata de Gonpachi, una cadena donde se dice que sirven los mejores soba noodles de Tokio. El del film es el de Nishi-Azabu.

Otros elementos puramente japoneses que Tarantino utilizó en ambas producciones han sido los efectos especiales kaiju utilizados ya en la película de Godzilla y que se basa en el uso de maquetas de cartón o la incorporación del anime. También las armas utilizadas como la katana, o el hecho de haber contado entre su reparto con auténticos profesionales de las artes marciales.

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