Cuatro asombrosas leyendas sobre Edimburgo

Envuelta en un halo de misterio, la ciudad de Edimburgo es una mina de oro para los cazadores de historias. Sus pedregosas calles, generalmente húmedas y ennegrecidas, han cautivado a algunos de los escritores más ilustres. Walter Scott, Louis Stevenson, J.K Rowling o Robert Burns se han empapado de historias y leyendas que, sean ciertas o no, les ha llevado a crear algunos de los títulos más aplaudidos de la literatura universal. Hablamos de Dr Jekyll y Mr Hyde, Harry Potter o La isla del Tesoro, entre otros muchos.

Las leyendas sobre Edimburgo circulan de boca a oreja desde tiempos memorables. Hoy, se reproducen en cualquiera de los tours que recorren sus calles, algunos de ellos invitándonos a conocer las partes más bajas de la ciudad donde, en la Edad Media, murieron miles de personas a causa de la peste negra. Los más desfavorecidos como los pobres, prostitutas o mendigos fueron encerrados en estas calles del subsuelo para evitar que contagiasen al resto de la población. El número de afectados cada vez era mayor y acabó convirtiéndose en una ciudad subterránea. Precisamente aquí es donde encontramos una de las historias más terroríficas de la ciudad.

Annie, la niña de Mary Kings Close

Mary Kings Close es una de las partes subterráneas actualmente más populares, pues es donde más gente sufrió por la plaga. Cuando pasado un tiempo se abrieron las puertas que daban al subsuelo para limpiar la zona de cadáveres, es donde se contabilizaron más muertos. Desde entonces, según las leyendas de Edimburgo, se oye la voz de una niña, Annie, quien murió enferma en 1645. La historia la dió a conocer una medium japonesa que insistió en que la voz que se escuchaba era de ella porque buscaba su muñeca. Hoy, Mary Kings Close está abierta al público para que los viajeros puedan pasear por sus túneles. Lo más sorprendente es que la habitación de la niña cada vez cuenta con más muñecas que le van dejando los visitantes.

Bobby, Edimburgo

Bobby, el perro que nunca pudo superar la muerte de su dueño

Es la mascota de la ciudad, un Sky Terrier que encontramos inmortalizado frente a la cafetería donde J.K Rowling iba a escribir su saga de Harry Potter. Una escultura que, si bien no pasa desapercibida para ningún viajero, para conocer realmente su historia hay que adentrarse hasta el cementerio Greyfriars. Aquí encontraremos dos tumbas que llevan su nombre. Una justo a la entrada, rodeada de peluches y juguetes, le rinde homenaje. La segunda de ellas, junto a la de un hombre, es donde realmente se encuentra enterrado. Según la leyenda, cuando a Bobby se le murió su amo su tristeza era tan grande que se fue a vivir con él al cementerio. Allí estuvo día y noche, junto a su lápida, hasta que él también se murió. Una bonita historia de fidelidad que, sea cierta o no, no deja de emocionar.

Los ladrones Burke y Hare

Se dice que la historia de Burke y Hare pudo haber influido en Stevenson a la hora de escribir Doctor Jekyll y Mr Hyde. Según la leyenda, estos dos delincuentes escoceses se dedicaban a profanar las tumbas de los muertos, pues era época de hambruna y la facultad de Medicina de Edimburgo pagaba a buen precio los cuerpos para estudiarlos. Una vez levantaron algunos de ellos, muchas de las lápidas del cementerio empezaron a ser valladas. De hecho, hoy algunas de ellas continúan así. Aquello no fue un impedimento para Burke y Hare, quienes comenzaron a asesinar a personas que nadie fuera a echar de menos como mendigos, prostitutas o drogadictos. Al final, Hare acabó delatando a Burke, quien acabó ahorcado en la plaza de Grassmarket.

Edimburgo, Escocia

Maggie Dickson, la medio colgada

En la misma plaza de Grassmarket estaba la horca de la ciudad. Hoy aún se pueden ver sus marcas. En ella se colgaban a delincuentes, estafadores y adulteras, principalmente. Maggie Dickson pertenecía a ese último grupo. Esta adolescente, que a los 14 años la obligaron a casarse con un hombre mayor que no le gustaba, acabó huyendo de la ciudad y de él. Por el caminno se encontró con otro hombre del que se enamoró y con quien tuvo un hijo. Cuando la descubrieron fue acusada de adulterio y condenada a la horca. Lo más sorprendente de su historia es que, una vez muerta, cuando la metieron en el ataúd, se dieron cuenta de que estaba viva. Sólo había perdido el conocimiento. Como según las leyes de la época a una persona sólo se la podía ahorcar una vez, los verdugos se vieron obligados a dejarla en libertad. Para muchos escoceses su caso fue considerado como un milagro.

Estas no son las únicas historias de Edimburgo, bastará con recorrer sus calles, pubs y antiguos edificios para saber que cada rincón cuenta con su propia leyenda.

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