El Viaje de Ripley II

Pequeña visita a la Ciudad de las Siete Colinas: Roma en unas horas…

Y es que, como en la película, carecemos del tiempo, del espacio y de las miles de páginas que le podríamos dedicar a la ciudad inmortal, a la ciudad de los emperadores, al río de calles adoquinadas y serpeantes que forman la urbe de plazas barrocas, la más emblemática e histórica del Mediterráneo.

Por eso, como Ripley, nuestra visita se podría realizar partiendo de un breve y agradable viaje en tren desde Nápoles para pasar un día de compras, de terraceo, de visita cultural superficial paseando entre palacios, iglesias y piazzas.

Y la plaza de las plazas…ups…la “piazza” por antonomasia es la Piazza Navona.

Piazza Navona. Rome. Italy

Si fuéramos Tom Ripley y tuviéramos la oportunidad de pasar unas horas en Roma, no dudaríamos sobre que es lo primero que haríamos al salir de la Estación de Termini: coger un taxi y plantarnos en esta plaza para tomar un expresso, deleitándonos la vista con la impresionante fuente de Bernini o la fachada de Santa Agnese in Agone de Borromini.

Sin embargo, ni vivimos en los años 50, ni el encanto ni el glamour romano de la época nos embargaría. Por contra, tendríamos a cientos de turistas, grupos de japoneses, romanos malhumorados (no se caracterizan por su hospitalidad precisamente) y bullicio de tráfico alrededor.

La visita es obligada, no cabe duda. Os sugerimos, quizá, el horario nocturno, mucho más tranquilo y predispuesto a la visita de locales cercanos muy sugerentes, donde poder degustar un combinado rodeado de gente guapa.

Así podremos acercarnos a las escapadas de Dickie para escuchar Jazz en directo junto a su amigo….

Dentro de estos locales destaca sobremanera “La Maison”, en el número 3 de la pequeña calle Biccolo dei Granari.

Ambiente decadente a la par que “cool”, techos abovedados, lámparas de araña, barroquismo romano… si a eso le unimos lo divertido de sus parroquianos, tendremos un combinado perfecto que Ripley no habría eludido en el siglo XXI.

La discoteca es gay-friendly, aunque abundan las féminas. Su carácter muy divertido y alegre. Abre de 00:00 a 05:00, por lo que os proponemos una visita previa a la plaza y sus alrededores, una cena en terraza o frugal de pizza al corte y un helado de los que abundan en la multitud de heladerías que circundan la plaza.

¿¿Y el resto del día romano?? Particularmente os damos una recomendación cultural y de ocio un poco alejada del recorrido “típico”, visitando algunos lugares no tan conocidos y recomendados en guías al uso, pero muy cercanos al gusto de Ripley por el arte y  la música.

Atravesar el Tiber y visitar por la mañana este barrio merece la pena; algo más tranquilo que la urbe, guarda un poco la esencia de la Roma de Fellini, con cafés y Trattorías más humildes y tradicionales.

Rome skyline

Como Ripley, podríamos enriquecer nuestra ansiedad cultural visitando Santa Cecilia in Trastevere, San Pietro in Montorio, la Universidad americana o la Academia española.

Pero nuestra recomendación cultural especial la dedicamos a la Villa Farnesina, más conocida como “La Farnesina”: Se trata de una villa con un encanto e historia únicos. Se cree que aquí residió Cleopatra con el hijo de César, Cesarión, durante su visita a Roma y que compartieron su idilio durante meses ante el estupor del pueblo romano, ya que los monarcas extranjeros no podían residir dentro de las murallas de la ciudad.

El palacio actual, del siglo XVI,  traspira riqueza y lujo: durante siglos se celebraron fiestas y banquetes de nobles, poetas, cardenales e incluso Papas. Los frescos que engalanan bóvedas y paredes, nos recuerdan cómo debían ser los antiguos palacios romanos.

Se cuenta que tal era el poderío y ostentación de sus lúdicos eventos, que la misma vajilla de plata y oro nunca se lavaba y era arrojada al Tíber, que pasa a los pies de la villa.

Las pinturas de Rafael o Sebastiano del Piombo no dejan indiferente al visitante. Si además, se tiene la oportunidad de realizar la visita acompañado de música de Vivaldi, seremos capaces de trasladarnos durante un rato al mismo Renacimiento o a la riqueza de las cortes papales más barrocas.

Una vez hayamos enriquecido nuestro espíritu, podremos enriquecer nuestro parte más material almorzando en una de las trattorías del barrio o cruzando el río en dirección al Campo di Fiori, donde además, podremos recorrer sus calles y realizar un poco de “shopping”. El ambiente del mediodía es magnífico con su tradicional mercadillo.

Hacia el atardecer, callejeo entre templos, iglesias, terrazas, tiendas… Una tarde en Roma sin rumbo definido es el mejor plan, conocer la ciudad entre plaza y plaza.

La ciudad barroca surge, no hace falta buscar nada: el Panteón, el pulcino de della Minerva, il Gesú, el Monumento Vittorio Enmanuelle, los foros, el Palacio Doria Pamphilli…

El objetivo final: la Plaza de España. Ver la puesta de sol en un lugar tan emblemático merece la pena, a pesar de sus atestadas escaleras.

Piazza di Spagna

Aquí Ripley embaucaba a Marge haciéndole creer que Dickie continuaba vivo, a pesar del terrible crimen cometido por tan “inocente” joven.

Podríamos huir hacia Venecia o San Remo y continuar el recorrido fílmico, en un viejo tren como dice la canción de Adriano Celentano:

e allora
io quasi quasi prendo il treno
e vengo, vengo da te,
ma il treno dei desideri
nei miei pensieri all’incontrario va.

Pero por hoy, os emplazamos a que vuestras mentes y espíritus impacientes esperen una nueva entrega de otro viaje cinéfilo y “exóticco”.

Arrivedeci!

El Viaje de Ripley II
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