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Rumanía
Transilvania y joyas de los Cárpatos
"Después de mucho pensar qué destino elegir para mis próximas vacaciones, me acabé decantando por Rumanía. Desde siempre ha sido un país que me ha fascinado por Transilvania y los Cárpatos, así que lo propuse a mi familia y todos estuvieron de acuerdo, ¡nos lanzamos a la aventura!"
CARLOS JIMÉNEZ
58 años. Abogado
MADRID
Viajó con Exoticca en Mayo de 2016.

La gente pensaba que en el castillo de Bran vivió realmente Drácula. Quien pasó por allí fue Vlad Tepes, que también fue cruel


Carlos frente al monasterio de Curtea de Arges.
Fui a Rumanía con la idea de que sería un país con poco verde, pero la verdad es que estaba equivocado. Hay mucha vegetación por todas partes. La capital, Bucarest, es preciosa, por algo la llaman el "París del este". Hay un montón de edificios impresionantes del siglo XIX y principios del XX, y otros más modernos como el palacio del Parlamento, una obra monstruosa que denota los delirios de grandeza que tenía el dictador de la época.

Curtea de Arges fue de lo que más me cautivó. Es un monasterio donde están enterrados los reyes de Rumanía, los de la reunificación. Fue muy interesante ya no sólo por su historia, sino por los impresionantes frescos de sus paredes.

Durante el viaje recorrimos ciudades con mucho encanto; como Sibiu, donde está el puente de los mentirosos. Según se dice, antiguamente si un comerciante estafaba a un cliente, lo lanzaban desde allí. Vimos también Sighisoara, una villa preciosa y muy tranquila en la que paseamos por su ciudadela medieval. Espectacular. Allí fue donde nació Vlad Draculea, príncipe de Valaquia. Hicimos otra parada en Gura Humorului, una urbe bella y agradable.

Tuvimos la oportunidad de visitar la iglesia fortificada de Biertan, que antiguamente hacía las veces de bastión y templo a la vez. La usaban de refugio cuando llegaban los invasores, por este motivo estaba repleta de habitaciones por dentro de las murallas. Fue muy curiosa de ver. También conocimos Bistrita, una población con mucho encanto. Los edificios recuerdan el estilo de construcción germano, ya que estas ciudades fueron erijidas por los sajones.

Todos los monasterios que ves durante el viaje son muy parecidos, pero cada uno tiene su atractivo. Los dos que más me gustaron fueron el monasterio de Secu, también usado como refugio, y el monasterio de Voronet, en la región de Bucovina. Este último albergaba una pintura verdaderamente impresionante, la del Juicio Final, del siglo XIII, perfectamente conservada y un auténtico regalo para la vista.

Además de los monasterios, el plato fuerte del viaje son los castillos. Uno de los más bonitos es el castillo de Peles, en Sinaia, que fue la residencia de verano de los reyes de Rumanía. Alberga una decoración excelsa. Se nota que pretendía impresionar a todo aquel que lo visitaba y ¡aún lo consigue en la actualidad!
Y cómo no, el castillo de Bran, también conocido como el castillo de Drácula, en plena región de Transilvania. Es abrumador, está construido sobre la roca y tiene una escalera de piedra por la que acceder a él. Vimos los dormitorios y las demás cámaras y es verdaderamente interesante. Me hizo gracia observar que la gente que visitaba el castillo iba con la idea de que allí vivía realmente Drácula. En realidad, allí estuvo un personaje histórico del siglo XV que fue cruel y sanguinario como el personaje novelístico, Vlad el Empalador, aunque para muchos rumanos fue un héroe por enfrentarse a los turcos.
Carlos admirando los frescos del monasterio de Voronet.

Una de las excursiones más bonitas que hicimos fue la del lago Rojo. Recorres un desfiladero por el que discurre el río hasta que llegas al lago donde se encuentra el hotel donde te hospedas. Tienes tiempo para pasear y disfrutar de la naturaleza en estado puro. Un lugar con mucha magia.

El último día hicimos una cena de despedida en la cervecería Caru Cu bere, la más popular de Bucarest, de 1879. Era un local acogedor y decorado según la época. Elaboraban su propia cerveza desde hacía más de 150 años y podías deleitarte con una buena cena mientras disfrutabas de bailes tradicionales en el mismo local. Una noche de las que no se te olvidan.

Rumanía es un país con mucho encanto. Una vez lo visitas te das cuenta que no tiene nada que ver con los críticas negativas que erróneamente le atribuimos como la miseria o los mendigos. La gente allí vive feliz y no te da la impresión de que lo pasen mal, más bien lo contrario, vi algunas casas por el campo que son mucho más grandes y majestuosas que la mayoría que tenemos en España. Su gente es agradable en el trato y apegada a sus tradiciones. En cuanto a la comida sus platos típicos ¡están deliciosos!
Creo que nunca hay que viajar con prejuicios y que la imagen que tenemos de un sitio siempre es diferente a cuando lo visitas. Qué importante es conocer lugares para entender que una cosa es escuchar y la otra es ver.
Carlos probándose máscaras tradicionales.

3 consejos para este viaje

1
PASEA POR EL CASCO ANTIGUO DE LA CAPITAL:
Piérdete en el Bucarest más histórico. El pasaje Macca Vilacrosse es una zona de terrazas encantadora ideal para disfrutar de una buena cerveza.
2
VISITA EL MUSEO DE HISTORIA DE BUCAREST:
Si te eres un apasionado de la historia no puedes perderte este museo. En él verás una reproducción de la columna de Trajano en Roma. Impresionante.
3
RECOMENDACIÓN GASTRONÓMICA:
Si te gustan los licores digestivos prueba el chupito de Palinka, elaborado a base de ciruelas. Se toma antes de la comida.

Apunte del editor

La famosa novela del conde Drácula, escrita por Bram Stocker en 1897, tomó como inspiración el personaje histórico de Vlad el Empalador, un sanguinario guerrero que se cobró la vida de 80 mil personas en el siglo XV. Su morada, el castillo de Bran, es la gran atracción de Rumanía, en la famosa región de Transilvania, mencionada en la obra de Stoker y aún escondida entre lúgubres bosques.