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Indonesia
El Tigre Asiático y la Isla de los Dioses
"El carácter espiritual de los balineses crea una atmósfera muy mística. Dan gracias a los dioses tres veces al día y las ofrendas, ya sea en forma de flores, fruta o bambú entre otros objetos, están por todos lados para mantener alejados a los malos espíritus, incluso en las aceras, por lo que corres el riesgo de pisarlas. Todo esto hace a la isla única."
LAURA LÓPEZ
41 años. Orientadora laboral
MÁLAGA
Viajó con Exoticca en Junio de 2016.

Bali te enseña mucho a nivel emocional porque su gente vive por y para la religión


Esta vez mi marido y yo teníamos muy claro que queríamos viajar a un país del Sudeste Asiático, pero no había ninguno que se adaptara a lo que íbamos buscando, hasta que navegando por internet di con vuestra página. A priori nunca habíamos pensado en ir a Singapur a no ser que fuera para hacer escala y en cambio siempre habíamos querido ir a Bali porque tenemos unos amigos que viven allí. Nos llamó mucho la atención que Exoticca combinara ambos destinos y nos pareció interesante la relación entre ambos, además de su precio que era más que asequible.
Esta elección ha sido un éxito rotundo porque las expectativas que teníamos puestas en este viaje se superaron totalmente. Todo ha salido perfecto.

En Bali reina un maravilloso caos controlado, sobre todo en cuanto a la automoción se refiere. Además, el carácter religioso de sus gentes crea una atmósfera espiritual muy mística. Dan gracias a los dioses tres veces al día y las ofrendas, ya sea en forma de flores, fruta o bambú entre otros objetos, están por todos lados para mantener alejados a los malos espíritus, incluso en las aceras, por lo que corres el riesgo de pisarlas. Todo esto hace a la isla única.

El guía era muy simpático y cordial, nos explicó su cultura e historia con todo detalle, además iba vestido con el típico traje del país, pañuelo en la cabeza y falda, muy auténtico.
El hotel nos fascinó. Tenía el edificio de culto privado más grande de toda la isla. La puerta de la habitación parecía la de un templo, y tenía la típica cama balinesa y un baño gigante. Sólo llegar nos dieron la bienvenida con un collar de flores, toallitas húmedas y un cóctel. ¡Qué grata sorpresa!

Laura con los monos del templo de Ubud.
Las playas de esta isla son maravillosas y todas diferentes. Uno de los días fuimos a la de Jimbaran que aparece en la película de Come, reza, ama de Julia Roberts y Bardem. Es más salvaje que otras, tiene olas y el color del agua es verdoso. Allí alquilamos una hamaca y comimos en los chiringuitos, de los cuales a partir de las cinco de la tarde empiezan a sacar cientos de mesas con velas que colocan formando hileras que llegan casi hasta el agua. Todo el mundo acude a ese lugar a cenar y a ver atardecer. Es todo un espectáculo.
En cambio la playa de Geger en Nusa Duaparecía caribeña, el agua era color turquesa y transparente y la arena blanca. Un amigo que tenemos allí nos llevó a Padang Padang, donde se celebra una de las competiciones de surf más importantes del mundo.

En una excursión incluida en el viaje recorrimos la isla hasta el norte del volcán. Fue muy completa y nos pareció un “ puntazo ”que fuera para los dos solos. Visitamos el Templo de los Reyes que está excavado en la piedra y el Templo Pura Ulun Danu Batur dedicado a la diosa del lago Bratan, que está sobre las aguas de éste, el cual se formó en el cráter de un antiguo volcán. Allí nos llevaron a comer a un sitio espectacular de estilo japonés y nuestra mesa estaba colocada en un templete con vistas al lago. El menú fue un pato frito delicioso. Nos pareció un lugar idílico digno de volver en el que todo estaba organizado de forma muy romántica envuelto en una atmósfera muy zen, como si estuviéramos viviendo una segunda luna de miel.
De vuelta nos enseñaron el Templo de los monos de Ubud, oculto entre una densa selva donde esos traviesos “ animalitos” andaban sueltos. Nos acompañó en la visita una adiestradora que nos iba explicando todo. Faltó tiempo para que uno de ellos estuviera apoyado en mi hombro y grité porque me causó impresión. Fue una anécdota muy cómica que mi marido inmortalizó enseguida con un vídeo y unas cuantas fotos.

También fuimos al Templo Tanah Lot el cual me gustó mucho por su ubicación, ya que está construido sobre un islote en el mar y eso le hace muy especial. Lo vi muy turístico así que me quedo con la belleza del paisaje de los típicos arrozales escalonados que es realmente único y cuyo color verde intenso le da sentido al apodo de “Isla Esmeralda”.

En el aeropuerto de Singapur.
Singapur no nos lo esperábamos así. Hemos estado en Norteamérica, pero no tiene nada que ver, este país está mucho más avanzado. Nada más llegar al aeropuerto lo percibes, no había visto algo igual en mi vida, es impresionante. De hecho está considerado por muchos el mejor del mundo porque tiene como objetivo buscar el bienestar del viajero ya que cuenta con piscina, cines, parques infantiles y ¡hasta un jardín de mariposas!

La ciudad es súper limpia, creo que nunca conoceré una tan pulcra, incluso está prohibido comer chicle por la calle. La gente es sumamente amable, correcta y educada. Todo es más moderno y está más evolucionado. La sensación al caminar por sus calles es de que en cualquier momento te puede salir un “taxi volador” o cualquier otro artilugio futurista, van cuarenta o cincuenta años por delante de nosotros.

La ubicación del hotel, el Península Excelsior era perfecta. A casi todos los sitios podíamos ir andando y tiene unas vistas alucinantes desde su restaurante del piso 22, el Sky Lounge, nada que envidiar a las del emblemático Marina Bay al que también fuimos, como no, a tomar una copa.

Clarke Quay, a orillas del río Singapur, tenía un ambiente increíble y para todas las edades. Es una zona muy viva de restaurantes y tiendas. Además esos días coincidía con la celebración de la Eurocopa y me pareció increíble que tuvieran tanta afición por nuestro fútbol, ya que conocían a todos los jugadores y los bares estaban a tope de gente viendo los partidos.

Nos gustaron muchísimo los mercados de comida callejera llamados hawkers y estuvimos en varios de ellos. Son lugares muy auténticos para poder disfrutar de la gastronomía local. No es demasiado turístico, casi todos son lugareños.
Nuestro menú favorito era el chilli crab o cangrejo picante, una auténtica exquisitez, el satay, que son unas sabrosas brochetas de carne que se sirven con una salsa picante elaborada con cacahuete y el nasi goreng, un plato de arroz frito muy popular en Singapur.
Merecen especial mención los zumos naturales de frutas tropicales que hacían allí a los que nos hicimos adictos porque "sabían a gloria", salvo de durian, fruto emblema del país al que hace honor el teatro ópera Esplanade, al simular la forma de uno de ellos. Su sabor es dulce pero desprende un olor desagradable y hasta nauseabundo que levanta pasiones, de amor para algunos y de odio para otros. Es significativo y curioso que se prohíba la entrada con esta fruta en muchos lugares públicos, incluso en el metro.

Estamos encantados de haber realizado este viaje. Por un lado Singapur es para tomarlo como ejemplo. Su sociedad está muy adelantada y es de admirar que la gente sea tan trabajadora y que prime el orden, la limpieza y la ley. Por otro lado, Bali te enseña mucho a nivel emocional porque su gente vive por y para la religión.
Sin duda vivimos un emocionante contraste entre lo moderno y lo tradicional: la modernidad y el futurismo de Singapur frente a la paz espiritual de la isla de Bali, un cóctel perfecto.
Sky Louge del hotel Península Excelsior en Singapur

3 consejos para este viaje

1
CUCA RESTAURANT EN BALI:
Lugar de prestigio culinario en la playa de Jimbaran. Con una decoración diáfana y cortinas que se van cerrando para crear espacios íntimos, ofrece comida vanguardista a muy buen precio. Te dan la bienvenida en los jardines con su cóctel "Moongría".
2
HOTEL RAFFLES DE SINGAPUR:
De estilo colonial, en madera blanca y con ventiladores con forma de pay pay, alberga un precioso jardín tropical. Allí se elabora "Singapur slim", el cóctel típico del país.
3
BARRIO ÁRABE DE SINGAPUR:
Menos turístico que otros, es muy agradable darse un paseo por él . Tiene una mezquita con una cúpula dorada que parece la de las mil y una noches.

Apunte del editor

Un bebé de Bali se considera un dios hasta que cumple seis meses. Durante este tiempo no puede pisar el suelo ya que aún no ha recorrido el camino completo hacia la conversión en ser humano. Si sobrevive, tendrá una ceremonia en la que se celebra su “humanidad ”.