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Vietnam
Dragón de Jade
"Para mí, la experiencia más fascinante del viaje fue el crucero por la Bahía de Halong. No por haber visto miles de fotos impresiona menos ese atardecer. Ojo, en cinco años prohibirán hacer noche en el mar, hay que darse prisa en ir"
EVA SANDINO
42 años. Periodista
A CORUÑA
Viajó con Exoticca en Mayo de 2017.

Acabamos el viaje con un final apoteósico: el Delta del Mekong


Hacía años que la idea de ir a Vietnam me rondaba la cabeza, pero el Sudeste Asiático siempre acababa perdiendo la batalla con otros destinos debido al precio. Desde hace ya un tiempo, la planificación de las vacaciones la hago a golpe de ofertas: si aparece sin querer una buena a un sitio apetecible, no hay que mirar más. Y ese fue el motivo de que siete amigos acabáramos contratando en noviembre un viaje a Indochina para el mes de mayo, sin las vacaciones de algunos aún confirmadas (hay quién dice que estamos locos; yo creo que, sin riesgo, no hay gloria…aunque seguro que llegará el día en que me quede en tierra por listilla).

Eva con una amiga en la Bahía de Halong.
Primera parada, Hanoi. La inmersión en el caos asiático. Cientos de motos entre las que te lanzarás sin mayor contemplación cuando lleves tres días en el país (eso, o no cruzas). Los siete miembros de la expedición tenemos cierta reserva ante los viajes organizados, nos gusta explorar a nuestro aire y una de las cosas que nos convenció del programa fue tener muchas tardes libres: tomarse una cerveza local al anochecer sentado en un bordillo de la capital te da una perspectiva que ningún guía conseguirá transmitirte.

De Hanoi a la, para mí, más fascinante experiencia del viaje: el crucero por la Bahía de Halong. No por haber visto miles de fotos impresiona menos ese atardecer. Ojo, en cinco años prohibirán hacer noche en el mar, hay que darse prisa en ir.

Con la satisfacción de “esto ya me ha compensado el viaje” llegamos a Hoi An. Cientos de pequeñas tiendas llenan el casco antiguo. Tras una visita rápida a la playa si te apetece bañarte en las cálidas aguas del Pacífico, puedes dedicarte a regatear entre prendas de seda, farolillos y camisetas de la zona vieja o simplemente pasear hasta el río que la cruza sin que nadie te moleste.

Nos vamos de Hoi An echando de menos una noche más allí para disfrutar del ambiente y emprendemos camino a Hué, la antigua capital imperial. Pagodas y residencias de emperadores, algunas con vistas a un paisaje casi selvático que nos fascina: el guía dice que dentro está lo más bonito y nosotros no dejamos de mirar por la ventana (dentro no desmerece).

La última escala es Ho Chi Min, la antigua Saigón. La ciudad combina su aspecto occidentalizado con el caos del tráfico (si creías que en Hanoi había muchas motos, espera a ver esto) y con el estilo de vida callejero. El mercado nocturno del centro es una versión de las ferias y mercadillos españoles, pero lo que más merece la pena es ver cómo lo montan en quince minutos: abre a las siete de la tarde, pero a las seis y media no hay aún ni rastro de lo que allí aparecerá.

Acabamos el viaje con un final apoteósico: el Delta del Mekong. Paseos en barco, en barquita de remos y en camioneta tirada por moto te sumergen en el ambiente de una película como no podrá ningún parque temático.

¿Lo mejor del viaje? Apenas vimos turistas occidentales, excepto en Hoi An. Fue la recompensa por haber ido en Mayo, cuando comienza el verano y las temperaturas superan los treinta y pico grados con una humedad del noventa por ciento para la que hay que ir concienciados… ¿Volvemos?
Navegando por el Mekong.

3 consejos para este viaje

1
RESTAURANTE HAI LUÁ:
En Saigón, merece la pena cenar en este restaurante al aire libre “Hai Lúa” del Mercado Nocturno. Mesas tipo feria, adornado con luces y farolillos, no tiene pérdida. Baratísimo y muy rico (si alguno es gallego, que no pida marisco, seamos sensatos;)
2
DELTA DEL MEKONG:
Si vas al Mekong un día de lluvia, ten en cuenta que se convierte en un barrizal, así que ponte calzado adecuado.
3
CAFÉ:
Prueba el café vietnamita, tiene un regusto a cacao. Comprar un pack de cafetera tradicional y café molido por 3 ó 4 euros es un buen regalo para traer. Si no has visto allí cómo lo preparan, en internet hay decenas de videos.

Apunte del editor

El sombrero cónico, “Nón Lá” o sombrero vietnamita, es uno de los símbolos del país. Sus utilidades son múltiples. Sirve para protegerse del sol en una nación, donde no debemos olvidar, el ideal de belleza es la piel blanca y transparente, sirve para resguardarse de la lluvia en un país con una importante estación lluviosa y también, como cesta o bolsa para transportar diferentes cosas, como utensilios, comida o fruta. Es decir, sirve para todo. El Nón Lá tiene dos variantes: una masculina y la otra femenina.