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Marruecos
Kasbahs y el desierto de Merzouga
"Una vez leí que Marruecos es el más cercano de los grandes viajes y es verdad, te trasladas diez siglos atrás a tan solo dos horas de avión desde tu casa. Siempre que voy, vuelvo con las pilas recargadas. Creo que con un presupuesto muy limitado puedes tener una experiencia verdaderamente inolvidable."
JOSÉ ANTONIO MORENO
45 años. Director de actividad empresarial
MADRID
Viajó con Exoticca en Enero de 2017.

De este viaje destaco la hospitalidad y amabilidad que allí brindan al extranjero


Tanto mi marido como yo habíamos estado varias veces en Marruecos, pero él no conocía el desierto y la zona de las Kashbahs. Así que, con el propósito de buscar el sol y dejar un poco de lado todo el tema de las celebraciones navideñas, decidimos regalarnos de Reyes este viaje. Nos pareció un lugar muy agradable para comenzar el nuevo año.

Marrakech es una auténtica maravilla. A mi parecer es una ciudad que tiene mucha versatilidad. Por un lado es auténticamente árabe y al mismo tiempo muy abierta. Digamos que es una “encrucijada de caminos” en la que cualquier extranjero se siente a gusto porque la gente es hospitalaria y muy agradable.
Lo que sí hemos notado esta vez es que la población está mucho más relajada con el tema de las ventas y ya no te agobian tanto. Estaban más pendientes de entablar una conversación o una buena relación con el viajero y si no vendían, no pasaba nada. También es verdad que al haber estado allí varias veces, uno sabe abordar mejor las situaciones a la hora de charlar y bromear con ellos.

Jose Antonio en el Jardín Majorelle de Marrakech.
A nivel de monumentos hemos vuelto a visitar muchos de los que ya conocíamos porque son unas construcciones magníficas y muy bellas, como por ejemplo el Palacio de la Bahía. Soy andaluz y tanto en la ciudad en general como en este lugar en particular, tenía plenamente la sensación de estar en mi tierra. Tiene unos patios espectaculares llenos de naranjos. En las paredes y columnas hay coloridos azulejos y un trabajo muy meticuloso de yesería típica marroquí con inscripciones del Corán. Las puertas y ventanas están talladas en madera y en los techos hay hermosos artesonados de madera de cedro con pinturas. El trabajo artesanal es soberbio, una auténtica pasada. Sobre todo es un sitio tranquilo donde puedes sentarte a leer un libro y muy evocador, ya que puedes llegar a sentir cómo se desarrollaba allí la vida en el s.XIX.
Pero sin duda, el lugar que más me gusta de Marrakech es la Madraza de Ben El Yusuf, un poco por lo mismo que he expresado anteriormente, porque me recuerda a Granada, a la Alhambra…tiene una magia y un encanto increíble. Lo que ocurre con los palacios marroquíes es que desde fuera no te imaginas la riqueza que albergan en su interior. Siempre te invade la sorpresa cuando descubres los patios, las fuentes, los arcos, los mármoles...son una auténtica obra de arte.
Visitamos también las tumbas saadíes. En el mausoleo central está enterrada la familia de la dinastía Saadí que reinó a finales del siglo XVI y en los jardines hay otras 100 pertenecientes a los sirvientes y guerreros. Vale la pena visitar este lugar y ver sus bonitos mosaicos y columnas.

Nos hemos pasado los días en la calle paseado a todas horas por la medina, en los alrededores de la Koutoubia. Es fascinante perderse en ese laberinto de callejuelas abigarradas repletas de gente, animales, motos, carros...y saborear el ritmo de la vida marroquí. En la plaza Jemá el Fná hay tanta vida que parece una obra de teatro continua. Tiene muchísima actividad a todas horas y es algo caótica. Nos gusta, aunque lo que se mueve allí nos parece un poco turístico. El anochecer no acaba con el divertimento y los carritos de comida desprenden una humareda que te invita a sentarte y cenar mientras contemplas el espectáculo.

En las Gargantas del Todra vimos un paisaje increíble del valle repleto de palmeras. Alucinas al ver el cañón de paredes de piedra de unos 150 metros de altura y las aguas cristalinas del riachuelo que la atraviesa . La sensación que tienes allí es de ser muy pequeño ante tanta grandeza natural.

José Antonio durante el paseo en dromedario por el desierto.
El paseo que dimos en dromedario por el desierto fue maravilloso y el atardecer inolvidable. Cenamos de lujo en una jaima y asistimos a una fiesta beréber en la que un grupo de músicos tocaba tambores e instrumentos autóctonos. El guía que nos acompañaba era un chaval muy agradable, despierto y espabilado. Después del espectáculo, la noche de Reyes terminó con un gran broche de oro porque salimos todos a ver las estrellas. El cielo estaba nítido y plagado de luces tintineantes y hasta pudimos ver algunas fugaces. ¡Había un frío polar, pero fue el momento más mágico y precioso del viaje!

Essaouira es una ciudad costera muy bonita, sobre todo la zona del puerto, uno de los lugares de más animación donde puedes ver a los pescadores descargando pescado, reparando las redes o preparando los anzuelos. Hizo un día precioso y dimos un paseo muy chulo por las murallas. La medina es muy distinta porque es completamente cuadriculada y sus calles son anchas con casas de fachadas blancas y puertas y ventanas azules. Es una ciudad dinámica y hay cientos de almacenes de productos artesanales.

La gastronomía marroquí es deliciosa. La harira es una sopa muy buena para entrar en calor. El Tajine de cordero con dátiles, pasas o ciruelas es un guiso muy sabroso al igual que el pollo al limón. Los dulces también son muy ricos y el famoso té con menta, me encanta, pero no sé por qué aunque lo compre para hacerlo en mi casa no es lo mismo, allí saben de otra manera, mucho mejor.

Lo primero con lo que me he quedado de este viaje es con el valor de la hospitalidad y amabilidad que allí brindan al extranjero. Otra de las reflexiones que hago es que te dan una lección de vida cuando por ejemplo ves a los niños jugando con un palo y una rueda con una sonrisa permanente a pesar de que prácticamente no tienen nada.
Aquí en Europa vivimos en una situación de confort que no valoramos y luego vas a un país como éste y te das cuenta de ello. Una anécdota que viene a ilustrar estos pensamientos es la de que conocimos a un señor, tendero de profesión y con un español muy gracioso que tenía que recorrer todos los días muchos kilómetros a pie para llegar a la medina a trabajar. Nos lo encontrábamos todos los días y siempre estaba con una sonrisa de oreja a oreja. Era una persona entrañable.

En nuestro país tenemos muchos prejuicios con los árabes, sin embargo viajar allí te hace romper con esas barreras al comprobar lo bien que te tratan. Realmente te hacen sentir muy especial y te escuchan como si lo que dijeras fuera súper importante; son tan amables que cuando vas a cualquier sitio lo primero que te ofrecen es un té.
Una vez leí que Marruecos es el más cercano de los grandes viajes y es verdad, te trasladas diez siglos atrás a tan solo dos horas de avión desde tu casa. Siempre que voy, vuelvo con las pilas recargadas. Creo que con un presupuesto muy limitado puedes tener una experiencia verdaderamente inolvidable.
El bullicio de la Plaza Jemaá el Fna al anochecer.

3 consejos para este viaje

1
DAR CHERIFA EN MARRAKECH:
Este riad que se encuentra en medio de la medina tiene un patio espectacular acondicionado como restaurante y en el que la experiencia de comer se hace única. También es un café literario, tiene una biblioteca que te permite disfrutar del placer de leer.
2
EL CAFÉ DE LAS ESPECIAS EN LA PLAZA DE LAS ESPECIAS:
Sube a su terraza y disfruta de las vistas espectaculares del alto Atlas al fondo, el minarete de la Koutobia y la Place des Épices de Marrakech.
3
RESTAURANTE LE TANJIA EN MARRAKECH:
En esta antigua casa judía convertida en un restaurante su comida tradicional marroquí te dejará sin palabras. Dispone de una terraza maravillosa a la plaza de los Ferblantiers, uno de los mejores sitios de la ciudad para contemplar el atardecer.

Apunte del editor

La gastronomía de Marruecos se presenta como una de las más interesantes y variadas del mundo. El cuscús indudablemente es el plato tradicional. Es una comida bereber hecha a base de granos de sémola de trigo duro de tamaño medio de un milímetro de diámetro y otros ingredientes como verduras, garbanzos y carne roja. Generalmente es elaborado los viernes, día sagrado de los musulmanes, para disfrutar en familia. Se come con la mano derecha, ya que la izquierda se considera impura.