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Tailandia
Templos sagrados y playas paradisíacas
"De Bangkok nos gustó mucho Chinatown. La sensación que tuvimos paseando por allí era la de que había una fiesta continua en la calle. En sus "sois" o callejones hay gente, paradas de comida desprendiendo un delicioso olor, coches, guirnaldas, tuk-tuks, farolillos y luces de neón...en definitiva muchísima vida."
ANTONIO RODRÍGUEZ Y MIREIA ROSICH
27 y 27 años. Abogado y médico
BARCELONA
Viajó con Exoticca en Agosto de 2016.

Todas las personas con las que nos topamos se mostraron muy serviciales y hospitalarias sin esperar nada a cambio


El motivo por el que mi novia y yo elegimos este viaje a Tailandia es porque nos atraía su exotismo y teníamos ganas de descubrir una cultura completamente diferente a la nuestra con un gran contraste a nivel social, religioso, incluso gastronómico. Además, los precios allí son muy asequibles, otra razón más para decantarnos por este fascinante destino.

Mireia frente a la escalera de subida al Templo Doi Suthep de Chiang Mai.
De Bangkok nos gustó mucho Chinatown. La sensación que tuvimos paseando por el barrio era la de que había una fiesta continua en la calle. En sus "sois" o callejones hay muchísima gente, paradas de comida desprendiendo un delicioso olor, coches, guirnaldas, tuk-tuks, farolillos y luces de neón...en definitiva muchísima vida.
Es uno de los barrios chinos más antiguos del mundo y una atracción popular para locales y visitantes. Sin duda creemos que es una experiencia que nadie se debería perder.

El céntrico parque Lumpini está lleno de unos lagartos conocidos como varanos acuáticos, una especie emparentada con el dragón de Komodo pero no agresivo. Nos pareció sorprendente, impresionaba verlos tan panchos caminando por la pradera sobre todo por su gigante tamaño, unos dos metros.
Por cierto, no menos curioso fue ser testigo de cómo a las seis de la tarde sonaba el himno nacional por unos altavoces y las personas que estaban corriendo o simplemente paseando se paraban para escucharlo y luego continuaban como si nada.

Si nos tuviéramos que quedar con algo de la capital sería sin duda con el ambiente de la calle. Hay una especie de “caos organizado” en el que todo el mundo se entiende. Dicen de esta ciudad que puedes llegar a odiarla y amarla en un solo día. En un primer momento puede abrumar el ajetreo de esa jungla de asfalto, pero enseguida percibes el encanto de sus agitadas calles y nunca te deja indiferente.

Una anécdota graciosa es que al llegar cansados del viaje vimos muy apropiado darnos un masaje, baratísimo por cierto. Habíamos leído que el thai-massage no era un masaje relajante al uso, pero no imaginábamos que fuera tan intenso. Sobre un futón nos hicieron presiones, estiramientos y movimientos tan fuertes y enérgicos con los pies, los pulgares, los codos y las rodillas que en vez de liberar tensiones ¡parecía que nos hubieran dado una pequeña paliza...!

Para nosotros, el templo más bello de toda Tailandia es el Doi Suthep, llamado así por el nombre del monte sobre el que se encuentra. Está literalmente entre las nubes, pero en los días despejados hay unas bonitas vistas de Chiang Mai, de hecho diríamos que la preside. Está en plena naturaleza, en un lugar privilegiado. Llegas a él en funicular o subiendo unas trescientas escaleras flanqueadas por serpientes tailandesas o "nagas". Arriba, la escultura de un elefante blanco te da la bienvenida y durante la visita se respira una atmósfera de paz y serenidad que invita a la meditación.

En Phuket disfrutamos de una tranquilidad absoluta. La verdad es que era la primera vez que estábamos en la típica playa de postal. La selva se introducía en la propia arena blanca y por la época del año que era, el océano bravío azotaba la costa con olas de hasta tres metros. Las puestas de sol desde allí eran mágicas...
Al final, más que con los sitios concretos te quedas con las sensaciones y las emociones que estos te transmiten. Una de las más agradables que hemos tenido está relacionada con la comida y la vivimos en el Noonits Kitchen en Mai Khao Beach, un restaurante espectacular que está en la propia playa. De noche, sin nadie, súper relajados, saboreando un pescado fresquísimo y escuchando las olas golpeando al fondo...fue sin duda uno de los mejores momentos de todo el viaje.

La gente nos sorprendió muy positivamente. Todo el mundo con el que nos topamos, y no fueron pocos, se mostraron muy serviciales y hospitalarios sin esperar nada a cambio. Lo que transmitían ha reafirmado las convicciones en las que nosotros nos movemos; hay que ser agradecido y valorar lo que uno tiene. La vida en sí es un regalo. Partiendo de esa base, todo lo bueno que te suceda ha de ser bienvenido y si algo no sale no pasa nada, será porque habrá una nueva oportunidad o simplemente porque nos espera algo mejor.
La pareja en la selva de Chiang Mai.

3 consejos para este viaje

1
TANITA CAFÉ EN CHIANG MAI:
En este establecimiento en el noroeste de la ciudad podrás probar el mejor “pad thai” de todo el país.
2
TRAYECTOS EN TUK-TUK:
Conseguirás abaratar el precio si no lo coges a la puerta del hotel donde te hospedes, sino un par de calles más allá.
3
EQUIPAJE DE CABINA:
Es más que suficiente si vas en verano. Además de ahorrarte la facturación es más práctico a la hora de coger vuelos internos.

Apunte del editor

En Tailandia es de mala educación tocar la cabeza de una persona o señalar algo o a alguien con los pies. Tampoco está bien visto ponerlos sobre una silla o apuntar con ellos hacia la imagen de Buda. Es un insulto pisar la comida o pasar por encima de una persona que está sentada o acostada en el suelo. Además, siempre hay que quitarse los zapatos al entrar en una casa o templo.