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Tailandia
Bangkok, Chiang Mai y playas del sur
"Hace dieciocho años elegimos Tailandia para pasar nuestra luna de miel y queríamos regresar porque entonces nos gustó mucho; después de todo este tiempo, nos ha vuelto a fascinar ese maravilloso país."
VICTORIA CASTRO
40 años. Supervisora de hotel
ESTEPONA
Viajó con Exoticca en Junio de 2016.

Esa gente es maravillosa y te transmite mucha paz con el precioso gesto de su sonrisa imborrable


Hace dieciocho años elegimos Tailandia para pasar nuestra luna de miel y queríamos regresar porque entonces nos gustó mucho; después de todo ese tiempo, nos ha vuelto a fascinar este maravilloso país.

Victoria en el Palacio Real. Bangkok.
Los primeros días en Bangkok visitamos el Palacio Real, la construcción más importante de la capital. Está formado por varios palacios y templos, el principal es el Wat Phra Kaew, en el cual se encuentra el Buda Esmeralda, de 45 cm y tallado en jade, es el más valioso y venerado del país.
Recomiendo pasear tranquilamente por todas las calles que conforman el complejo amurallado e irse fijando en todos los colores y ornamentaciones tan bonitos que lucen los edificios y esculturas.

¡Parece increíble la cantidad de centros de culto que hay diseminados por toda la ciudad!, como el Templo de mármol blanco de Carrara. Me pareció de una belleza exquisita.

El mercado flotante de Bangkok es muy típico, no te lo puedes perder.
Está abarrotado de gente y es muy emocionante formar parte de ese batiburrillo de personas, cosas y sensaciones: barcas y más barcas, sombrillas, plataformas de madera, jaleo, colores, sombreros, canales, cerámica, frutas, cestas, tenderetes, dulces, ruidos de motor, hortalizas, remos, olores, alboroto, souvenirs...¡vaya jaleo!
Nadie que viaje a Tailandia debe perderse esta magnífica y original experiencia por el mero hecho de que no se vive todos los días, además, es un disfrute observar la vida cotidiana de sus gentes y por supuesto las fotos que se sacan allí son auténticas.

Hicimos un paseo en barco a lo largo del río Chao Phraya. El trayecto fue muy relajado, mientras almorzábamos íbamos viendo un mundo de contrastes; las típicas casas de caña de bambú frente a los rascacielos de cristal, un claro salto evolutivo de lo tradicional a lo moderno.

Vicky en el Wat Mahathat.
Fuimos por nuestra cuenta al Parque Histórico de Ayutthaya, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La que fue capital del país se sitúa dentro de una isla enclavada entre tres ríos.
La estética de sus templos es diferente y me recordó a los de Angkor, utilizando además de la piedra, el ladrillo.
El Wat Mahathat es conocido por la cabeza de un Buda rodeada de manera natural por las raíces de un árbol. Me pareció sumamente curioso. Se cree que fue escondida allí de los caza-tesoros y que el baniano siguió creciendo como si formase parte de él. Su semblante relajado y sonriente provoca un misterio que hace que te quedes hechizado mirándola.

Me encantó la excursión al poblado de elefantesen Chiang Mai. Atravesamos buena parte de la selva y un río a lomos de estos nobles animales.
Hicieron un espectáculo y lo que más me asombró de él fue ver a los paquidermos pintando con un pincel figuras en perspectiva, ¡incluso firmaban los cuadros con su nombre!. ¡Hasta que no lo vi no lo creí, impresionante!

Para finalizar el viaje estuvimos en Phuket. Allí gozamos de un descanso de lo más reparador. El complejo hotelero estaba integrado en la naturaleza respetando el entorno, lo cual es muy importante.
La playa era de ensueño, arena blanca y agua entre turquesa y esmeralda. Por detrás de ella había una espesa vegetación de palmeras y al frente un mar cálido en el que apetecía bañarse a todas horas, incluso aunque lloviera porque el sol aparecía al momento.

Una noche salimos en Patong Beach. Aquello parece una feria, hay mucha iluminación de neón “tipo Las Vegas” y está lleno de pubs, restaurantes, tiendas, discotecas, mercados y demás locales nocturnos. Hay muchísima gente y todo es muy llamativo. También había funciones diarias de cabaret y otros espectáculos artísticos. Merece la pena darse una vuelta por allí y si quieres salir de fiesta, la oferta que te brinda este lugar es abismal.

Viajar a Tailandia significa replantearte todos tus pensamientos y hacer reflexiones infinitas.
Cuando regresas a tu mundo real de materialismo y estrés quieres “cambiar el chip” y recordar que lo que aquellas personas te han enseñado con su actitud es que no hace falta tener tanto para vivir y ser feliz.
Esa gente maravillosa te transmite paz. Llevan un tipo de vida basado en lo espiritual, sobre todo en ayudar y hacer el bien a todo el mundo, una gran lección que deberíamos aprender y llevarla a cabo como hacen ellos, con el precioso gesto de su sonrisa imborrable.
Al lado de unas bellas tailandesas con vestimenta tradicional.

3 consejos para este viaje

1
MERCADILLO NOCTURNO PATPONG EN BANGKOK:
Por la noche los mercados adquieren otra connotación. Muy ambientado y divertido.
2
SOUVENIRS:
Se puede adquirir seda de gran calidad y barata. También ocurre lo mismo con los dispositivos electrónicos. El típico recuerdo es un Buda o un pequeño elefante, su animal sagrado.
3
BAR-RESTAURANTE REDSKY EN EL EDIFICIO CENTRAL WORLD:
Ofrece unas vistas de 360 grados de la ciudad que son alucinantes.

Apunte del editor

En Tailandia no se tolera la falta de respeto hacia la familia real o su imagen estando castigada con penas de entre tres y quince años de prisión. El día del aniversario del rey la mayoría de la gente se viste con su color, el amarillo.
Las muestras de respeto al himno y a la monarquía son patentes; en los cines antes de empezar la película suena el himno y todo el mundo debe levantarse de la silla al igual que en los parques, que se reproduce cada tarde a las seis y la gente se para y adopta postura militar hasta que termina.