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Castillos históricos de Mir y Nezvizh

En Bielorrusia hay hermosos castillos como el de Mir y Nezvich. Dicen que un pasadizo subterráneo los unió en el pasado y los dos han sido incluidos en la lista de Patrimonios de la Humanidad de la UNESCO; el primero por ser un “testimonio vivo de su turbulenta historia” y el segundo por “proceder de algunas personalidades eminentes de la historia y la cultura del Viejo Continente”.

Ambos se integran a la perfección en la naturaleza, en un llamativo entorno verde que conserva su belleza todo el año, aunque los parques y estanques lucen su mayor grandeza en los meses de primavera y verano.

El Complejo del Castillo Mir o Complejo de Mirsky, se erigió en la ciudad del mismo nombre en el distrito de Karelichy, perteneciente a la región de Grozno, a 90 km al suroeste de Minsk.

Las invasiones tártaras en las tierras del Gran Ducado de Lituania propiciaron el inicio de su construcción a principios del siglo XVI, siendo concluida en 1522 por el Gran Mariscal, el duque Ilínich. En este tiempo tenía una función principalmente defensiva por lo que se planificó una estructura cuadrada, con muros de 25 metros de altura por 3 de anchura y 4 torres preparadas para disparar que sobresalían en las esquinas y reflejaban un estilo gótico, planta tetraédrica, estructura octogonal en su parte superior y una decoración diferente en cada una. Una quinta torre ubicada en el centro del muro oeste era la única entrada al castillo, al que se accedía a través de un puente levadizo.

A partir de 1568 sus nuevos propietarios, los Condes Radziwil, le dieron un aspecto más renacentista al construir dentro del castillo un palacio de tres pisos y un foso alrededor. Su fachada fue enlucida con portales decorativos de cal, placas, balcones y porches. El sótano y la primera planta se utilizó como almacén, la segunda era el hogar de los lacayos y administradores y en la tercera se encontraba la residencia del príncipe.

Las posterior guerra con Rusia y la Guerra del Norte, de 1700 al 1721, provocó la destrucción de lo que se había construido recientemente. En 1828 el castillo pasó a los Wittgenstein y después de casi un siglo de semi abandono, a partir de 1891 la propiedad pasó a la familia Sviatopolk-Mirsky. Se suprimió el jardín ubicado en el lado derecho y se sustituyó por un estanque. Cerca del castillo se construyó un palacio de dos pisos y entre ellos se plantaron árboles. Se cavó un lago artificial en la parte sur y se construyó un jardín italiano en la parte norte además de un parque circundante. Se conseguía su completa restauración en la tercera década del siglo XVIII.

En 1939 después de la adhesión del país a la Unión Soviética el castillo pasó a manos del estado. Durante la ocupación alemana, de 1941 a 1944, sufrió muchos daños y albergó un gueto judío y un campo de prisioneros y después de su liberación y hasta 1956, fue la principal fuente de trabajo para los locales, por lo que se perdió parte de su decoración interior.

El Castillo de Mir es un magnífico ejemplo de los castillos medievales tardíos de Europa central. Aúna en su diseño distintas influencias culturales: gótico, renacentista y barroco que se conjugan armónicamente.
Como buen castillo, no se libra de tener su propia leyenda: cuentan que debajo del suelo la familia ordenó a un sirviente esconder grandes tesoros que aún no han sido encontrados y que son protegidos por los fantasmas.
Hoy en día funciona como una sucursal subsidiaria del Museo Nacional de Arte de Minsk y se considera una obra maestra de la arquitectura por lo que es una de las principales atracciones turísticas del país.

A 120 km de Minsk y 30 km de Mir se encuentra la localidad de Nezvizh, una de las más antiguas del país. En la plaza principal se encuentra el antiguo Ayuntamiento y la Casa del Mercado o de los Artesanos, de estilo rococó.
El conjunto arquitectónico del Castillo de Nezvich comprende el palacio de la familia Radziwil y la iglesia del Corpus Cristi, un templo jesuítico de finales del siglo XVI con impresionantes frescos en su interior en cuya cripta yacen en ataúdes de abedul los restos de los miembros de uno de los clanes más ricos del Gran Ducado de Lituania.

La obra se inició sobre una estructura preexistente de la época medieval. Se construyó un castillo con planta rectangular rodeado de murallas de tierra, baluartes y 4 torres defensivas. El palacio residencial de la familia Radziwil fue terminado en 1604. De estilo renacentista barroco con fachada de estuco en colores pastel, consta de 10 edificios adosados, conectados y dispuestos en torno a un patio hexagonal con un pozo en el centro. Alrededor un foso y sobre él un puente para acceder a la fortaleza.

A principios del siglo XVIII fue destruido por los suecos y poco después restaurado con una estética barroca más refinada. En 1770 fue ocupado por las tropas rusas y la familia fue expulsada. Después fue abandonado, pero los nuevos descendientes de la familia lo restauraron a finales del XIX y diseñaron un parque de estilo inglés. El Ejército Rojo invasor volvió a expulsar a la familia en 1939 y lo usó con fines sanitarios.

En su ostentoso interior se puede ver cómo vivía la alta nobleza de la época. En las estancias del palacio hay numerosas obras de arte, grandes cortinajes y alfombras, maderas nobles, ornamentos bañados en oro, bonitas muebles y chimeneas y trofeos de caza. También se puede acceder a las mazmorras, bodegas y almacenes.

Dominique Raziwill escondió el tesoro de la familia cerca de Neszvich en 1812. Lo más valorado son 12 estatuas de oro que representan a los apóstoles. El ejército ruso cavó por todo el territorio sin éxito y los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial también hicieron sus propias excavaciones e incluso utilizaron detectores de metales, pero no consiguieron encontrar nada.

La leyenda particular de este castillo cuenta la misteriosa historia de que una bella dama de negro aparece todas las noches en las que no hay luna y que se reúne con la dama blanca que vive en la bóveda del Castillo de Mir.
Los Castillos de Mir y Nezvizh son considerados un icono patrimonial y representan un testimonio gráfico fehaciente de la larga historia de guerras y destrucción por la que ha atravesado Bielorrusia.

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