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Lagos Sagrados

En El Tíbet hay más de 1500 lagos, los cuales se concentran principalmente en la zona oriental, más verde. Todos están rodeados del majestuoso paisaje característico del país, entre altísimas montañas, valles, ríos y llanuras, en un entorno libre de contaminación. Debido a la religión budista que se profesa en el país, varios de ellos se consideran sagrados y a ellos acuden los fieles en peregrinación. Los tres lagos sacros más grandes y famosos del Tíbet son el Yamdrok Yumtso, el Namtso y el Manasarovar.

 

YAMDROK YUMTSO:

En la árida estepa tibetana, en el camino que discurre de Lhasa a Gyantse, se encuentra uno de los lagos sagrados del Tíbet, el Yamdrok Yumtso. Está a 4441 m de altitud y cubre un área de 638 km², 130 km de largo y 70 km de ancho, por lo que es el más grande de agua dulce del norte del Himalaya.

Antes de llegar, la Carretera de la Amistad asciende y serpentea a través de las montañas hasta el paso de Kamla La, a 4800 m, desde cuyo mirador se divisa una panorámica única del lugar.

Su nombre en tibetano acumula varios significados; “lago de los cisnes” por su simbolismo de ave sagrada, “lago de coral” por la forma irregular de sus brazos de agua que se entremeten en las montañas y “lago de jade verde”, por su parecido a esta bella piedra preciosa en el color y el aspecto liso y cristalino de la superficie.

Según la mitología local, Yamdrok es la encarnación de una diosa que tiene poderes espirituales. Los budistas devotos, para limpiar sus pecados y ganar méritos y bendiciones, recorren su perímetro de 240 km a caballo durante siete días.

Cabe destacar el Monasterio de Samding, que construido sobre una colina en una península al suroeste del lago, goza de unas vistas inigualables. Es el único del Tíbet cuya abadesa fue una mujer, la primera Lama Dorje Pakmo, para ellos la reencarnación femenina de Buda y la tercera autoridad en importancia jerárquica después del Dalai Lama y el Panchen Lama.

Alimentado por numerosos arroyos cercanos, para los tibetanos el lago Yamdrok es una fuente de vida y si se seca, El Tíbet se convertiría en un lugar inhabitable. Es el mayor hábitat del sur para las aves migratorias. Y aunque su gran altitud dificulta la vida, de mayo a septiembre, cuando las temperaturas son más cálidas y el lago no está helado, la fértil hierba de las laderas sirve de pasto a grupos de yaks, cabras y ovejas y sus peces son capturados y vendidos en los mercados de Lhasa.

Viajar al lago Yamdrok es un sueño. Esta gran masa de agua salpicada de islas y bordeada de montañas con cumbres nevadas de más de 7000 m, sorprende a todo el que lo visita por su azul rabiosamente vibrante y por el entorno natural elegante e inspirador, motivos más que suficientes para ser considerado uno de los más bellos del planeta y un talismán para los tibetanos cargado de fantásticas leyendas.

 

NAMTSO:

Tras pasar un control de seguridad para entrar en el área del lago Namtso, comienza un ascenso entre imponentes cumbres nevadas hasta el paso de montaña Lakenla, situado a 5186 m de altitud. Después se emprende un nuevo descenso hasta llegar el lago, ubicado a 4718 m.

Se encuentra a 270 km al norte de Lhasa en la estéril meseta oriental tibetana y cubre una superficie de 1920 km², 70 km de largo por 30 km de ancho. Es el lago más alto del mundo y el segundo lago de agua salada más grande de China después del Qinghai. Bordeado por la cordillera Nyainqentanglha con montañas de hasta 7000 m de altura, su agua proviene de las lluvias y el deshielo.

Como otros lagos del Tíbet, su carácter sagrado le confiere poderes espirituales especiales y los fieles rinden culto a sus cinco pequeñas islas por considerarlas la encarnación de los cinco Budas Dhyani.

Durante siglos, este lugar fue el retiro espiritual de multitud de peregrinos que cruzaban el lago helado hasta llegar a las islas, aprovisionados de alimentos para pasar el verano y regresar el siguiente invierno, práctica que está prohibida en la actualidad por el régimen comunista chino.

Cuenta la leyenda budista que aquel que camina y reza rodeando el lago aunque sea solo una vez durante el año de la oveja tibetano, que según el calendario lunar se sucede cada doce años, tendrá más fortuna, salud, seguridad y conocimientos que si lo hace diez mil veces en otros años, pero aún así, cada temporada llegan monjes budistas y creyentes de incontables lugares para practicar este ritual. En el camino de la “kora” que circunvala el lago, está la Roca Yingbin o “roca de bienvenida” adornada con largas cintas y banderas de oración y numerosos montículos de piedras mani con mantras grabados con una elegante caligrafía.

En verano hay gran abundancia de peces como la trucha de oro y es un auténtico santuario para las aves migratorias y otros animales como el yak, el burro salvaje, la cabra azul del Himalaya, la marmota o el oso negro. Además, en las tierras circundantes son abundantes las plantas medicinales como el hongo de oruga chino y la flor de loto de nieve.

Alrededor del lago hay cavernas kársticas corroídas por el agua y el viento que reciben cada año a monjes ermitaños, peregrinos y turistas. Al sureste se alza el pequeño Monasterio Tasi Dor y la cueva Lianhuasheng que alberga una pagoda de loto natural, extraordinarias estalactitas y puentes naturales.

Su nombre significa “lago celestial”. Y es que viajar al lago Namtso es como ir al mismo cielo y como buena morada de los dioses, el escenario se sitúa en un marco natural desbordante donde la bóveda celeste y el agua clara parecen fusionarse en la paz y tranquilidad más absoluta.



MANASAROVAR:

A 940 km al noroeste de Lhasa, en la desolada, árida y fría región occidental del Tíbet, se encuentra el lago de agua dulce más alto del mundo, el Manasarovar, a 4556 m de altitud. De forma redondeada, su superficie de 320 km² se extiende a los pies del Monte Kailash, cuya montaña en forma de pirámide se considera la morada del dios hindú Shiva y como el lago, es un lugar de peregrinación para hindúes, budistas y jainistas. Unido al él por un canal descansa el lago Rakshastal, pero a pesar de su cercanía a este último no se le rinde culto por ser considerado la residencia del rey demonio y “la oscuridad” debido a su forma de media luna, al contrario que el Manasarovar, que es “el brillo” por ser redondo como el sol.

Su nombre en chino es Mapham Yutso y Manasarovar en tibetano. Éste proviene del sánscrito y significa “lago invencible”.

En un radio de 100 km nacen el Indo, el Karnali que es un afluente del Ganges, el Brahmaputra y el Sutlej. Este hecho no se libra de que le haya sido asignada una hermosa historia, la cual narra cómo en cuatro misteriosas grutas ubicadas en los cuatro puntos cardinales hay escondidos un león, un elefante, un caballo y un toro de cuyas bocas brotan los ríos más grandes de Asia.

Cada religión tiene su propia explicación mitológica sobre la creación del lago. La leyenda hindú reza que fue originado por el dios Brahma cuando vio que sus doce hijos realizaban sus rituales sobre la tierra seca, y quiso ofrecerles un mejor emplazamiento. Los devotos creen que si se bañan en sus aguas heladas, consiguen el perdón de los pecados de esta vida y la salvación de la reencarnación. También se dice que algunas cenizas de Gandhi fueron arrojadas en él. Por otro lado, la tradición budista cuenta que los dioses trasladaron a la madre de Buda a este lugar y que al introducirse en sus aguas, su cuerpo se volvió puro y un elefante blanco corrió hacia ella desde el monte y Buda entró en su vientre.

El ritual de peregrinación consiste en hacer la “kora” o circuito religioso de circunvalación, recorriendo los 52 km del perímetro del lago, siempre en el sentido de las agujas del reloj.

Hay pocos datos sobre la biodiversidad del lago, ya que está terminantemente prohibido pescar. El motivo es porque su religión predica la defensa del amor por todas las criaturas vivientes, impidiendo así dañar cualquier forma de vida silvestre en el área.

Cerca del lago hay varios monasterios como el Chiu Gompa, que encaramado a una colina, alberga una interesante librería y es una importante parada para los creyentes. Esta zona del Tíbet es fría y ventosa por lo que las mujeres se cubren la cabeza y el cuello con un turbante de color fucsia.

Viajar al lago Manasarovar es encontrarse con una bella depresión pluvial de un azul tan cristalino y profundo como los zafiros, que emerge de un paisaje absolutamente solemne y evoca los pensamientos más espirituales y esotéricos, pareciendo así que los problemas toman distancia y que todo está en equilibrio.

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