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Marruecos
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Marruecos - Mapa

Viajar a Marruecos es adentrarse en un país con una gran riqueza paisajística. Desde sus afamados pueblos de adobe fortificados, más conocidos como kasbah, pasando por sus enormes dunas color ocre del Sáhara, el verde de sus grandes palmerales, las altas montañas cubiertas de nieve hasta sus enrevesadas medinas o bazares. A continuación, te mostramos los motivos por los que hacer un viaje a Marruecos merece la pena.

 

Ubicación y geografía de Marruecos

El Reino de Marruecos está situado al noroeste del continente africano, en la llamada región del Magreb. Limita al norte con el mar Mediterráneo, al este y sureste con Argelia, al sur con la República Árabe Saharaui y al oeste con el océano Atlántico. Administra el Sáhara Occidental pero la ONU lo considera territorio no autónomo. La capital es Rabat, pero la más poblada es la ciudad de Casablanca.

Sus casi 36 millones de habitantes están repartidos en las 16 regiones en las que se divide el país. Éstas, a su vez, se subdividen en 27 prefecturas y 45 provincias. Árabes y bereberes representan la mayoría de la población, aunque también hay una importante comunidad judía.

Tiene dos grandes sistemas montañosos: el Rif, que bordea la costa mediterránea desde el río Muluya hasta el estrecho de Gibraltar y cuyo pico más alto es el monte Tidighine con 2452 m; y la cordillera del Atlas, visita obligada en cualquier circuito por Marruecos; formada por 3 macizos montañosos: el Gran Atlas al sur, donde se encuentra la montaña más alta del país, el monte Tubkal de 4180 m; el Atlas central y el Anti Atlas que llega hasta la costa atlántica.

Entre el Rif y el Atlas Medio se extiende el valle del Sebú. Al este del país se sitúan las Altas Mesetas y al sur el gran desierto del Sáhara. Los ríos más importantes son el Oum-er-Rbia y el Sebú, los cuales desembocan en el Atlántico y el Muluya, que lo hace en el Mediterráneo.

El idioma oficial es el árabe y el idioma bereber tarifit, tashelhit y tamazight, que se habla en el Souss, el Rif y el Atlas. La mayoría de los marroquíes hablan francés, el cual se utiliza en el ámbito comercial y también hay una pequeña población hispanohablante, por lo que en un viaje a Marruecos organizado no tendrás problemas de comunicación.

El Islam es la religión oficial y el 98,3 por ciento de la población es musulmana sunita, siendo el rey la máxima autoridad.

El país es una monarquía constitucional con un Parlamento electo. El rey Mohamed VI ostenta amplios poderes ejecutivos y dirige las fuerzas militares.

En el contexto económico, los ingresos provienen de los servicios, la agricultura, y la industria de la minería, el fosfato, los alimentos, el cuero, los textiles y el turismo, con infraestructuras preparadas para acoger infinidad de opciones de viajes organizados y paquetes vacacionales.

El clima varía entre el desértico del sur, el mediterráneo del norte y el continental del interior, con temperaturas que oscilan entre los 10 y los 25 grados centígrados, aunque en determinadas zonas del país podrían llegar hasta los 50 grados.

La flora de Marruecos es una de las más ricas del norte africano con unas 4200 especies. Es el país con más bosques del Magreb, los cuales albergan alcornoques, encinas, coníferas, enebros, cedros, abetos, pinos, argán, espinosos, mientras que en las zonas áridas hay palmeras datileras. En cuanto a la fauna, en sus tierras habitan zorros, conejos, nutrias, ardillas, gacelas, jabalíes, babuinos, panteras, ibis eremita y víboras cornudas.

 

Historia de Marruecos

Marruecos es una nación antigua y como tal, tiene una vieja historia. La presencia humana en el territorio data del año 8000 a. C., en la Prehistoria. Desde entonces, un largo listado de pueblos ha pisado estas tierras. A los originarios bereberes y marroquís se sumaron pescadores y criadores del caballo sahariano que llegaron hacia el 2500 a. C. A finales del 800 a. C. llegaron los fenicios y los africanos de la zona Este en el 500 a. C , hasta que irrumpieron los romanos en el siglo IV a. C. Pero los continuos desafíos y rebeliones por parte de los bereberes al Imperio de Roma, consiguió expulsarlos en el siglo V y se afianzó el cristianismo en el norte de África. Vándalos, visigodos y bizantinos sucedieron a los romanos, aunque las tierras de las altas montañas siempre estuvieron dominadas por los bereberes.

En el siglo VII, los beréberes indígenas, judíos y cristianos conversos, fueron conocedores de la nueva religión fundada por Mohammed bin Abu Talib, el profeta Mahoma, que reveló que solo hay un Dios y que los creyentes comparten el deber común de someterse a la voluntad divina. A su muerte, en el 632, el Islam ya se había extendido hasta Asia central y el oeste de África.

El líder árabe omeya Uqba bin Nafi alcanzó la costa atlántica de Marruecos en 682, pero no logró doblegar a los bereberes. Fue el tiempo y la compatibilidad de los preceptos de Mahoma con los suyos propios, los cuales ponían énfasis en el deber, el valor y la lealtad del grupo, lo que propició la conversión de muchos al Islam. A través de la diplomacia poco a poco los omeyas lograron imponerse en Marruecos en el siglo VIII, aunque a mediados de la centuria fueron desterrados y los nuevos líderes dominaron el comercio de plata, oro y esclavos.

En el año 786 el descendiente de Mahoma Idris I huyó a Marruecos, fue designado imán o líder religioso por los bereberes, unificó el norte del país y convirtió Fez en la capital. Sus descendientes expandieron el poder de la dinastía isidrí en el norte del país y parte de Europa.

Mientras en el sur, un profeta detractor estableció un Islam ilegítimo y el comportamiento de los militares en la zona, provocó una insatisfacción que desembocó en el surgimiento de los sanhajas, una tribu bereber de tenaces guerreros del Sáhara que instauró la dinastía de los almorávides con capital en Marrakech, la cual fue arrasada por los bereberes almohades en 1147, acabando con el poder de los sucesores del emir Ben Alí Ben Yúsef.

La derrota almohade llegó en 1269 a manos de los bereberes zanatas que establecieron la dinastía benimerín, durante la cual se construyeron madrazas en las ciudades importantes y cuyo imperio quedó devastado por la peste y por los continuos asesinatos de los dirigentes a manos de sus consejeros. A partir de 1420 los visires Wattasíes empezaron a ejercer el control y en 1465 el último sultán merinida Abd al Haqq murió asesinado. A pesar de todo, no fueron capaces de consolidar su poder, siendo los portugueses los que ganaron el dominio sobre los principales puertos del país hacia a principios del siglo XVI, como Ceuta y Tánger la cual entregó a los ingleses más tarde, cumpliendo con su política expansionista. Melilla fue conquistada por los españoles en 1497. Los bereberes saadíes del valle del Draa lucharon contra los lusos reinstaurando el comercio interior y los mercados europeos que abastecían de azúcar, marfil, oro y esclavos. La dinastía saadí gobernó el sur hasta 1554 y la totalidad del territorio hasta la muerte del sultán Áhmad el Abbás en 1659. El carácter indulgente del Reino Alauita permitió que los judíos delimitaran sus propios barrios o mellah en varias de las ciudades.

El sexto sultán saadí, Áhmad I al-Mansur, fue el más famoso de la dinastía. Construyó el gran palacio de Marrakech y participó en alianzas con economías cristianas hasta su fallecimiento en 1603. La guerra civil de 1620 a 1627 propició la caída de los saadíes y la llegada de los alauíes descendientes del ilustre Mahoma. El reinado del segundo gobernante Mulay Ismail se basó en el despotismo y la crueldad, reclutó la llamada Guardia Negra, trasladó la capital a Mequínez y fue aliado de los franceses. La dinastía alauí perduró hasta el siglo XX a pesar de que los gobernantes se entendían con los piratas berberiscos que estaban apoyados por los turcos y participaban en negocios oscuros con las potencias extranjeras.

Francia se alió con los bereberes hacia 1830 y España se hizo con algunas ciudades del norte como Ceuta. En 1880, europeos y americanos instalaron un comercio libre de impuestos en Tánger. Bajo el sultanato, se celebraron la Conferencia de Algeciras en 1906, en la que se acordó entregar la gestión de los bancos, la aduana y la política de Marruecos a Francia y el Tratado de Fez en 1912, en el que bajo la soberanía del sultán, se convirtió al país en un protectorado francés y las ciudades de Ceuta y Melilla y los territorios fronterizos con el Sáhara, en un protectorado español. Al sultán Yusuf, que fue apoyado por los galos, le sucedió Mohamed V, el cual había recibido educación francesa. Los bereberes del Rift se rebelaron en pro de la independencia contra los españoles y franceses y después de cinco años, lograron aplacarlos con el exilio de su líder rifeño Abd- el Krim y el nombramiento del pachá de Marrakech, el guerrero bereber Thami el Galaui, que logró exiliar a Madagascar a Mohamed V.

En 1944 el partido independentista exige el fin del mandato francés con el apoyo de EE.UU y el Reino Unido. Francia permitió que el rey regresara a su país en 1955 y se logra la independencia en 1956, recuperando algunas ciudades y territorios coloniales como Tánger. Hassan II sucede a Mohamed V en 1961 y se enfrenta a la precaria situación económica del país reivindicando su derecho sobre el Sáhara español en 1975 con la pacífica Marcha Verde para beneficiarse de sus reservas de fosfato.

La insatisfacción de la sociedad marroquí por la diferencia existente entre ricos y pobres y las cargas fiscales, unido a la mitad intranquilidad política, provocó grandes protestas en Casablanca en 1981, a las que el Gobierno respondió con una violenta represión que provocó muertos y encarcelamientos. Pero las presiones populares activistas lograron que el rey fundara la Comisión de Equidad y Reconciliación con el objetivo de investigar los abusos a los derechos humanos sucedidos durante su reinado. Su sucesor desde 1999 y hasta la actualidad, Mohamed VI, garantizó la reparación del daño provocado a las víctimas de los llamados “Años de plomo” mediante indemnizaciones. El monarca ha realizado grandes cambios democráticos, pero los atentados de Casablanca de 2003 tuvieron como consecuencia un paso atrás en las libertades civiles.

La imperturbable huella de un pasado de emperadores, guerreros, visires, sultanes y colonos, ha creado un tejido social que sorprende la mirada del viajero occidental. Aunque frente a su historia se presenta un país moderno, abierto al mundo y a la ciencia que sorprenderá a cualquiera que visite Marruecos.

 

 

¿Por qué Marruecos es el país más visitado de África?

Marruecos tiene una luz fascinante que intensifica los colores  y otorga nitidez, calidez y armonía a los paisajes, que se tiñen de un azul vibrante en el cielo y el mar, de un verde exuberante en la vegetación o de un ocre brillante en el desierto. Y de los tonos puros y excitantes de la naturaleza, nacen infinitas combinaciones con las que se visten los pueblos y las ciudades.

Pero no solamente emana luz y color, también derrocha vida, mostrándose en todo su esplendor entre el bullicio de sus calles y plazas agitadas y nocturnas. Y frente al ruido, el silencio ensordecedor del desierto, un tesoro del país, donde se pueden vivir las más fascinantes aventuras que un ser humano puede experimentar.

Al protagonismo de la luz, los colores y la vida, hay que sumarle las emociones, que se embriagan con la magia de los pequeños momentos, con la esencia de las tradiciones y con el corazón de la gente.

Viajar a Marruecos significa perderse en medinas laberínticas; contar millones de estrellas en las frías noches del desierto; adentrarse en los áridos paisajes de cordilleras y montañas; oler a té de menta y especias;  bailar la danza del vientre; admirar la majestuosa arquitectura de arcos, estucos, mosaicos y madera tallada de sus imponentes monumentos; pasear en dromedario; vivir el cuento de las mil y una noches; explorar cascadas, gargantas y ríos; sucumbir al ambiente especial y encantador de los riads; divisar turbantes índigo en el Sáhara infinito; bañarse en un hamman; toparse con fértiles vergeles de huertos y palmerales; visitar mezquitas, palacios, jardines y madrazas; contemplar el cautivador atardecer sobre las dunas; asomarse al Mediterráneo o al Atlántico en los inmaculados pueblos pesqueros, deambular al ritmo frenético del zoco, atravesar las murallas y bastiones de las ciudades de arena; revivir relatos bereberes y escuchar la llamada a la oración.

Un viaje a Marruecos es un viaje distinto. Si bien su peculiar cultura es atractiva para cualquier habitante del planeta, los europeos tienen la suerte de encontrar un país cercano geográficamente, pero alejado de sus costumbres en el que descubrir un mundo diferente.

Marruecos es sensualidad y embrujo, es ostentación y exotismo, es el Reino de las sensaciones, es la perla del norte de África, es la joya del mundo árabe. Marruecos no es un espejismo, es una fantástica ilusión real.

 

Información práctica antes de viajar a Marruecos

  • Requisitos de entrada:
    Pasaporte con validez mínima de seis meses.
  • Visado*:
    No se requiere visado si la estancia es menor a 90 días.
  • Moneda:
    Dirham.
  • Idioma:
    Árabe.
  • Electricidad:
    220 V. No requiere adaptador.
  • Salud:
    No hay vacunas obligatorias para viajeros procedentes de la Unión Europea.
  • Husos Horarios:
    UTC.
  • Otra información útil:
    Debe regatear cuando salga de compras.
  • Web oficina de turismo:
    www.visitmorocco.com
*Las embajadas y ministerios de turismo pueden modificar los importes de los visados sin previo aviso
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Marruecos
En base a 15 opiniones
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Comentario destacado
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